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La boda de la vestida...

Necesitas tener listo el Boing! de guayaba,
darás un trago grande por cada párrafo
y lo irás degustando conforme avances
la lectura del mismo. Gracias por
seguir visitando la Chentewé.

Una invitación común y corriente. La boda de César y Marisol, Marisol y César... ¿Qué podría tener de interesante una boda? Solo la particularidad de que se trata de un niño y otro niño que viste, actúa y representa a una niña.

    La cita era a las dieciocho treinta horas. Se anunciaba el gran evento entre amigos y conocidos. Desde un día antes todo mundo se preocupaba por el atuendo que utilizaría en el citado suceso. Como primerizo en estos menesteres, sólo pensaba en la joteril congregación que se llevaría a cabo en el que pintaba ser el acontecimiento de fin de año.

    Daban las diecinueve horas cuando llegué a la Iglesia Metropolitana de la Reconciliación. Sólo estaban presentes el fotógrafo y los oficiales de la misa. De los invitados y de los novios no había rastro alguno. Después de realizar la llamada de la incertidumbre, Joel me comentó que estaban en camino y que se sufrió un retraso muy usual porque apenas se salía del estudio fotográfico, total, los invitados podíamos esperar.

    Diecinueve horas con cuarenta minutos. Finalmente llegaron el novio, la novia, los padrinos de auto (presumiendo su mini-bandera gay), la bola de invitados que iban más por morbo que por gusto, y por supuesto, los demás padrinos de nosequé pero que nunca faltan.

    Durante la misa, que se pintaba, como todas las misas, aburrida y sermonesca, indicó para mí una nueva manera de concebir a la religión: con las patas. En vez de cánticos y alabanzas al señor (a cualquiera que se quiera hacer presente) se hizo gala de la ignorancia del inglés. ¿Quién comulga escuchando, como música de fondo, Creep, de Radiohead? Y ese sólo es un ejemplo.  Se recibe a los novios con la canción With or Without U, ¿eso qué? Se supone que se les desea unión permanente, no que a la primera de cambio se manden al cuerno. En fin, no pudo faltar la interpretación número quinientos de La Biblia.

    Resulta ser que, como es La Biblia, hay que interpretarla a como Dios NO les dió a entender (si Dios les hubiere conferido esa capacidad, no habría tantas explicaciones para un mismo párrafo de cada libro, carta o sentencia que contiene el dichoso librito). Todos los actos amorosos tienen que ser justificados, con la única intención de tener un modo de vida. La Iglesia, en todas sus manifestaciones, simplemente tiene que mantener una creencia para que la creencia le de de comer a la Iglesia.

    Tan así es, que hubo investigación histórica para determinar que las traducciones ocultan los actos homosexuales que en realidad contiene La Biblia. Tan seguros están de sus aseveraciones que sería buena idea que los mexicanos que trabajan en esa Iglesia, presten sus servicios para poder traducir fielmente el Evangelio de Jesús (o Último Testamento). Además, como buena iglesia de corte católico o cristiano, se hizo uso del folletín de festejo donde venían las indicaciones al respecto (falta un comunicólogo en ese lugar).

    Minutos después de entregar los anillos, el novio se dio la media vuelta y salió de la Iglesia para asombro general. Los cuchicheos y risas apagadas no se hicieron esperar. Imaginamos que el susodicho se arrepintió a buena hora, porque aún no recibía la bendición comunitaria. Falsa alarma... salió a desechar lo que su cuerpo no resistió, precisamente por la misma vía que entró todo lo que engulló momentos antes de iniciar la ceremonia.

    Después de entregar los anillos, las arras, colocar el manto de oración sobre la espalda de los contrayentes (porque no se les une con lazo), y las demás formalidades de ese sacramento, vino la sermoneada. Después de ello, la ya aclamada finalización del acto religioso que culminó en los abrazos, el interminable llanto de la ahora señora de tal y las muestras de afecto y pose que nunca se hacen esperar.

    Como en todo gran evento no pudieron faltar los boderos, sí aquellos personajes que presumen sus cámaras de videograbación y que, afortunadamente, no conocen ni explotan las capacidades de sus equipos porque serían más insoportables que de costumbre. Además de que el resultado siempre es un fiasco.

    Terminada la ceremonia, el evento que se sucedería estaría en boca de todo San Miguel Amantla, Santiago Ahuizotla, Ahuizotla, San Pedro Xalpa, San Antonio, Santa Lucía y demás colonias que rodean a San Miguel, colonia que albergó el salón, el gran salón, donde iniciaría la verdadera celebración.

    Había un mundo de gente queriendo accesar al lugar. Vestidas, jotas, locas, curiosos, los que siempre están buscando fiesta el fin de semana, los amigos del amigo del hermano de fulano que no vino a la fiesta, los conocidos del que vigila la puerta, en fin, medio mundo se dio cita como si fuere la exclusiva mundial de la boda de una vestida, digo, como si fuese la primera vez que sucediera.

    Como todo buen baile callejero, ahora en un salón de mala nota, todos los asistentes se morían por empezar el ansiado baile. Como si una barrera impenetrable los detuviera, la música sonaba fuertísimo, el sonido fallaba recurrentemente, el tipo que interrumpe siempre las canciones hablaba y hablaba por el micrófono para fonar cosas ininteligibles pero que generalmente se traducen en: Saludos, udos, udos, udos, para el cachacuaz, cuaz, cuaz,y su familia, milia, milia, que se colaron, laron, laron, en la fiesta, esta, esta.

    El momento de felicidad de la concurrencia vino cuando se llamó a los novios al centro de la pista para iniciar el ansiado baile. Al ritmo de Love Hurts (Nazareth), me dí cuenta que, en realidad, no les estaban deseando mucha felicidad que digamos. Aún así, la concurrencia esperaba que la canción terminara de fonar el último "Ooh, ooh, love hurts" para que empezaran a divertirse con su música popular.

    Al retirarse los novios de la pista, no sin darse el tan solicitado beso, recibir la porra y los aplausos de los asistentes, pareciera ser que el bloque imaginario se derrumbara para dar salida al cauce contenido de gente que estaba dispuesta a presumir que sabe bailar y divertirse, que más que la boda, esperaba el momento de salir y moverse haciendo gala de sus coreografías, pasos nuevos y disfrutar siendo observados por los curiosos o ser copiados por los demás.

    Después de la cena, continuó el baile y llegó el esperado showtime. Sí, las amigas vestidas de la vestida que se casaba, ofrecieron un espectáculo al más puro estilo Butterflyes, aburrido, tedioso y "nadaquever", con personajes que no se asemejan en nada con quien intentan interpretar, pero en fin, tampoco dejaron de lucirse los boderos (que ya mencioné quienes eran).

    Resulta que al escenario saltaron Edith Márquez, Isabel Pantoja, Lupita D'alessio, Lucha Villa, La India, Thalía y Yuri. Ya medio mundo estaba harto del mal espectáculo que ofrecieron. Yo ya estaba harto también del ambiente tan pésimo que ahí se respiraba. Decidí retirarme y cortar por lo sano, quién sabe, quizá cuando conozca a una vestida de Clissé pueda comprender lo que es una verdadera boda gay.