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De cómo se llega a viejo

    No es necesario indicar que no puedo platicar mucho sobre el tema, ya que, aunque tengo 27 otoños, siento que he pasado por muchas cosas que me harían sentirme viejo.

    Dicen que más sabe el diablo por viejo que por diablo, y es cierto. Recuerdo que todo lo que hago en este mundo no es nuevo, es la mezcla de todas aquellas cosas que tomé de los demás y que voy comprimiendo hasta formar un nuevo muégano que tiene la particularidad de parecer algo novedoso pero que, en realidad, no lo es.

    Muégano... ¡mhhh! Mueganito, sabroso, dulce, todo pegado, pegostioso, se te pega en el paladar, en los dientes y... ¿en qué estaba? ¡Ah, sí! en que para llegar a viejo se necesita de la experiencia previa que puedes tener de lo que tomas y dejas de tomar del mundo.

    Pero, ¿para qué llegar a viejo? Sinceramente, me aterra la idea de llegar a serlo, de ser despreciado, de pensar que me dirán "libidinoso" cuando, en realidad, fuere una respuesta normal el hecho de que me guste algún jovenzuelo cuando no lo sea más.

    Estoy conciente que debo aprender muchas cosas más, todavía me falta chutarme el Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana, todavía falta echarme a Horacio Villalobos (aunque sea un pendejo), todavía me falta echarme un viaje a Canadá, todavía me faltan muchas cosas que, seguramente, harán que mi vejez sea placentera.