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Me metí en un vagón del metro y no he podido salir de ahí
He querido salir por la puerta pero siempre hay alguien que empuja
...para adentro

Y cuando en las noches pienso yo en tí
sé que tu te acuerdas de mí
pero, aquí, atrapado en este vagón
no sé si volveré a salir

El nuevo vagón

    Híjole, cómo iniciar un relato de algo tan novedoso como un vagón del metro, recién destapadito, nuevecito, nuevecito, sin un rayón que delate la mala cultura que tienen algunos mexicanitos, principalmente bachilleres, aplanacalles, pseudopunketos, pseudodarketos, pseudoeskatos o pseudoestudiantes.

    Si alguna vez te trepaste a los gusanos del Ruta 100 o si utilizas, aunque irregularmente, el tren ligero, tendrás un acercamiento sobre lo que voy a platicarte.

    Con mayor espacio entre paredes, menos asientos y más tubos mal distribuidos, los nuevos vagones del metro ofrecen la posibilidad de ir de un vagón a otro sin necesidad de esperar que estés en el andén. Al contrario, con una especie de gusano de caucho, han superado las barreras impuestas por las puertitas que sabeDios cómo sería la llave de dicha puerta.

    Por otro lado, cuando abordas uno de estos maravillosos trenes, te das cuenta que, al estrenar, estás siendo la envidia de los que se quedaron abajo o están del otro lado del andén. Al principio, todos envidiábamos ese viaje porque el tren pasaba y sólo se paseaba, ya que no recogía ni un alma. Por el contrario, ahora, quienes gozamos de este gran privilegio, alzamos el cuello cada vez que vemos que algún fulano o fulana observa detenidamente tan maravillosa creación nunca antes vista en las profundidades de la Ciudad de la Esperanza.

    Si tienes la suerte de entrar en uno de estos vagones, con mirada desdeñosa observa a los individuos no agraciados con el viaje en vagón nuevo, hazles una mueca muy jota llamada "pobrecita, pobrecita" (el "pobrecita" se repite hasta el infinito, dependiendo de si quieres que la provocación de envidia sea mayor o menor. Nota: Use sólo en caso necesario), y a los que van acompañándote en el remojo los miras también con desdén porque, como te podrás dar cuenta, no tienen ni puta idea de cómo usar el transporte. Te darás una gran divertida, eso sí, lo que no es divertido, es esperar a que pase un tren de los nuevos, más bien, un vagón de los nuevos porque se sustituyeron nueve para crear un chorizote tamaño andén.

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