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No debes tener dos amores,
Es muy complicado besar en dos bocas.
Sus nombres te causan errores,
Y mucho he notado que uno se equivoca.
No debes tener dos auroras,
Si el sol cada día no sale dos veces.
Conserva lo que más adores,
Si alguien mas te ansia, no le perteneces.
Perdona mi amigo el consejo,
Mírate en mi espejo que no te suceda.
No quiero que conmigo llores,
De mis tres amores ninguno, ninguno me queda.

De cómo perdí a mis amores...

    Los tres más grandes amores que logré conseguir en la vida, de un momento para otro se fueron al caño. Tres en menos de un mes, no puede ser posible. Y vaya que si fueron los amores de mi vida... tres, qué récord, qué número tan elevado de pretendientes que perdí por una sencilla razón, escucharles.

    Es difícil darte cuenta que cuerpos duros y mentes blandas que no saben de amor (Chenoa:2002) abundan en todas partes. ¿No crees que sería muy sano tener una especie de probador de capacidades amorosas e intelectuales? Así no habría error al momento de elegir a tu pareja. En fin, tenían que ser del medio artístico los tres. ¡Demonios!

    En efecto, si no lo sabías, hasta inicios de noviembre tenía tres novios, este día se fue el último, el que me redituaba mi única esperanza. Todos mis amigos me decían: "Te quedaste con el más culero", "¿Cómo te gusta este pendejo?", "No mames, ahora sí te conseguiste puro pendejo". Sí, puro pendejo, pero con varo.

    El primero y más guapo de todos se fue antier a Nueva York a vivir, y no me fui con él porque no quiero pisar Estados Unidos ni por razón necesaria (te recuerdo que troné con los tres por convicciones propias y de pensamiento). Su nombre: Jaime, persona amable, agradable, poco inteligente pero sí muy docto en las cuestiones vanas y triviales... y se fue simplemente porque cree que participar en obras musicales de Broadway es algo que mataría a cualquier pretendido o pretendiente suyo, excepto uno: YO.

    El segundo, también guapo, aunque un poquito pasado de peso (nomás poquito, igual que yo, +/-), de nombre Carlos e hijo de un gran comunicador, me hizo mandarlo a la chingada antes que a Jaime. Parecía haber sido la gran promesa para formar una relación estable (porque también sella billetes).

    Una mañana observé cómo Pedro entrevistaba a un artista, Marcel Marceau, y con ver que no tenía ni puta idea de quién era el señor (eso sí fue un delito), que no investigó nada, que hacía su trabajo porque su papá lo colocó, me llevó a decepcionarme de su persona y enviarlo mucho al carajo. ¡Qué horror! Tanta pena me dió que preferí aprender francés por mi cuenta y por mis recursos para que pueda utilizarlo inteligentemente. Hace un mes que sucedió esa historia y me hizo recordar las sabias palabras de Gèrard Depardieu: "si los escritores supieran en qué boca caerán sus escritos, seguramente se cortarían la mano".

    El último y el que más me dolió, chico guapo, alto y adorable, a quien a nadie le cae bien (no entiendo por qué), de nombre Horacio, anoche tuvo su gran final. Siendo su costumbre, entró a casa a las 2.30 am para contarme una serie de estupideces. Comparar videoclips ochenteros (sin tomar en cuenta la infraestructura de la década en cuestión) con videoclips de última generación fue el acabose para darle pie con bola y mandarlo a chingar a su madre. Tanto que lo defendí de medio mundo para que, con una pequeña estupidez saliera botado... no cabe duda que la vida es muy justa conmigo, porque me da tiempo de recapacitar y de darme cuenta que elegí, en esa triada, puro pendejo: Jaime Camil, Carlos Loret de Mola y Horacio Villalobos.