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Y desde Oaxaca...

 

    Papá. En esta ocasión no me tomé el tiempo necesario para hacerle una copia a mi título y traértelo para que puedas tenerlo. Creo que por eso no me ha ido muy bien en este año, claro, todavía no puedo hacerme a la idea que no estás más con nosotros.

    ¿Sabes algo? Me doy cuenta que hace falta, siempre, una autoridad en casa. Desde que no estás nadie me regaña, nadie dice, nadie discute conmigo, nadie... y pienso que también nadie se preocupa más por mí.

    Desde que te fuiste toda la vida me la pusieron fácil. Todo lo que trabajaste se empezó a repartir entre mamá y mi hermano. Claro, también me tocó algo porque tengo un auto (que seguramente me habrías financiado algo mejor, aunque no me quejo por ello) que tu hijo que empieza con O y termina con R (y que no es Omar) nunca termina de "ningunearme".

    Papá, en varias ocasiones viniste a mis sueños, pero no lo haces más. ¿Acaso estás molesto conmigo? Me gustaría que volviéramos a charlar como antes, como lo hicimos con ese maravilloso abrazo que me diste cuando nos perdonamos todo y te despediste físicamente de mí, pero veo que es más difícil de lo que yo pensaba. Ahora que ya no estás aquí quedan muchas cosas que no pudimos completar, y no quiero estar arrepintiéndome por ello, al contrario, si vine hoy, 22 de noviembre, en donde dejamos tu cuerpo, fue porque aún me rehúso a que te hayas ido y no puedo creerlo hasta ver que en realidad tu ser paró aquí. Papá, han pasado tantas cosas... sé que me hubieses entendido mejor tú que nadie. ¿Recuerdas que siempre hablé de un tal Vicente?, en efecto, el que decías que tiene cuernos y no lo siente... fue mi novio, papá, sí, un chico al que aún quiero muchísimo y por el que me veías volado y con el cual aprendí a convivir mejor contigo... en fin, no lo conociste y creo que se hubieran llevado muy bien porque es un chico muy agradable.

    Recuerdo que dejaste de visitarme cuando conocí a Alejandro, seguramente presentías algo, pero también te extraño, en mis sueños te extraño, quiero que me regañes, que me jales las orejas, que nos peleemos como solíamos hacerlo a diario, o llevarnos bien como pocas veces, pero que afortunadamente sí lo hicimos, y necesito que vuelvas. Dicen que mientras vivas en mi mente no estarás muerto, y no quiero perderte, no otra vez, quiero que seamos amigos, quiero que nos acerquemos y continuar la historia donde quedó. ¿Sabes? ahora tengo un gato en casa. Sé que te gustaría, se llama Wu-Yin, es un coricondela (corriente cruzado con "de la calle") pero es muy inteligente, y espero no insultarte, pero luego imagino que usas su cuerpo para decirme que estás bien, no sé por qué pero de alguna manera te veo retratado en sus ojos. Wu-Yin es muy amigable, no se restrega en los pantalones como le hacía Soruyo, obediente y lambiscón, creo que lo hubieras aceptado de volada.

    Todavía me deprime mucho no verte. Mamá no se recuperará de la herida pero ha empezado a hacerme la vida imposible. Seguramente ya está cansada de mí, pero no te creas, ya también estoy harto de ella y de su vida galante que adquirió después de su partida. Se fue a París, se la vive aquí y siempre me echa en cara que Oscar hizo esto, Oscar hizo lo otro... que a fin de cuentas me tiene sin cuidado porque Oscar no ha hecho, eso lo hiciste tú, y no lo peleo, papá, siempre te admiré porque me enseñaste que todo lo tuyo tiene que ser por tu cuenta, y en verdad que te agradezco por no dejarme nada, como te lo pedí, para que en realidad valore lo que haga con mi vida y, además, seas mi meta a superar.

    Todo mundo se acuerda mucho de Don Fili, por ejemplo, mi amiguito Oscar decía que eras su novio y que mamá era su socia. yo me acuerdo de mi pá, del Chingao Jilemón que tanto me hacía encabronar, a quien sólo una vez pude ganarle una discusión, a quien le agradezco haber sido mi papá, no quizá el papá ejemplar, pero sí el que me ayudó a llegar a esta etapa de mi vida, en donde puedo decidir por mi cuenta qué quiero hacer con ella, en donde puedo alzar la frente y dejar la huella en todo lo que hago... papá, ¿verdad que vendrás?